Evaluación médica de testimonios de tortura y partitipación de los médicos en la
tortura
Hans Draminsky Petersen*
, Ole Vedel Rasmussen**
Abstract
Today, torture is
used in more than 90 countries, In most of theses countries, the authorities try
to conceal the use of torture. Therefore torture methods which do not leave
marks are more often selected.
Consequently,
appraisal of statements of torture is mostly based on interviewss with
exprisoners. The statement of torture is compared with the description of
symptoms found after the prison period and with the results of the cinical
examination, which is often normal.
In the evaluation
of the validity of a statement reservations often have to be madre for minor
disagreements between the single elements of the examination, for example
because of impaired concentration during the examinaiton and loss of
concluousness during the torture. Furthemore, the statement may be incompelte
because of psychological inhibitions and imperfect interpretation. Assessment of
allegations of medical involvemnet in torture is also bases on information given
by the ex-detainee.
The presumed
doctor´s examination techniques and the treatment carried out and prescribed by
him, are compared with the context in which he acted. Only very rarely do
torture victims have marks from e. G. Injections or suturing which can be
related to medical treatment in torture centres. The critical evaluation of data
collected during in-depth interviews with torture victims is the core of
documentaiton of torture and medical involvement in torture. The national
medical asociations share the responsability of ensuring that their country´s
doctors comply with the ethical rules and do not in any way participate in or
omit to report torture.
Keywords
Human rights,
torture, testimony, physicians role.
Reference
DRAMINSKY-PETERSEN, Hans and VEDEL-RASMUSSEN, Ole, Medical appraisal of
allegations of torture and the involvement of doctors in torture, Medicina
Legal de Costa Rica, vol. 11, N° 2, 1994; vol. 12, N° 1, 1995, pp. 20-28.
Resumen
Hoy en día, se
practica la tortura en más de 90 países. En la mayoría de ellos las autoridades
tratan de ocultar el uso de la tortura, por lo que a menudo eligen métodos que
no dejan rastros.
En consecuencia, la
evaluación de los testimonios de tortura se basa principalmente en entrevistas
con ex prisioneros. Las denuncias de tortura se comparan con la descripción de
los síntomas posteriores al período de encarcelamiento y con el resultado del
examen clínico, el que con frecuencia es normal.
A menudo hay que
proceder con cautela al evaluar la validez de una declaración, por si hubieran
mínimas discrepancias entre los elementos de un examen simple, debido por
ejemplo, a falta de concentración durante el examen o pérdida de conciencia
durante la tortura. Además, puede ser que el testimonio sea incompleto a causa
de inhibiciones psicológicas e interpretación imperfecta. La evaluación de las
denuncias formuladas sobre participación médica en la tortura, también se basa
en informaciones de ex detenidos. Las supuestas técnicas utilizada por el médico
y el tratamiento efectuado y recomendado por él, son comparados con el contexto
dentro del cual éste actuó. Sólo muy rara vez las víctimas de tortura tienen
marcas que puedan asociarse a tratamientos médicos en centros de tortura, tales
como inyecciones o suturas. La evaluación crítica de los datos recolectados
durante entrevistas en profundidad con víctimas de tortura, es la esencia de la
documentación sobre la tortura y la participación médica. La asociación médica
nacional, debe compartir la responsabilidad de asegurar que los médicos de sus
países cumplan con las normas éticas y no participen de ninguna manera en la
tortura u omitan informar sobre ella.
Palabras clave
Derechos humanos,
tortura, testimonio, médicos.
Referencia
DRAMINSKY-PETERSEN,
Hans y VEDEL-RASMUSSEN, Ole, Evaluación Médica de testimonios de tortura y
participación de los médicos en la tortura,, Medicina Legal de Costa Rica, vol.
11, N° 2, 1994; vol. 12, N° 1, 1995, pp. 20-28.
Introducción
Hombres, mujeres, y
también niños, son sometidos a tortura en por lo menos un tercio de los países
del mundo (1).
En la mayoría de ellos, el uso de la tortura está prohibido por la ley y por las
declaraciones internacionales firmadas por sus representantes. Muchos de estos
países, son económica y políticamente dependientes de las relaciones con el
resto del mundo.
Las relaciones
internacionales deberían cambiar conjuntamente con las revelaciones sobre graves
violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, la publicación de estas
violaciones es una forma de detener tales crímenes, y es por esta razón que
deben estar bien fundamentadas.
En algunos casos, la
comprobación de la tortura puede ayudar a las personas a obtener asilo, y en los
menos, compensación. En tales casos, los médicos suelen apoyar la validez de las
denuncias sobre aplicación de tortura (2-3).
El presente estudio
describe un método para sustentar la validez de testimonios de denuncias de
tortura y algunas consideraciones que deben hacerse relacionadas con dicha
evaluación. Durante casi 15 años, este método ha sido utilizado por un grupo
médico danés. También se describen otros aspectos médicos relevantes para la
documentación sobre tortura y la participación de los médicos en la misma.
Epidemiología y
propósito de la tortura
En algunos países, la
tortura se utiliza contra numerosas personas que han sido arrestadas. Amnistía
internacional (AI) estima que durante los últimos 10 a 12 años, más de cien mil
personas fueron sometidas a tortura en Turquía (4).
En 1987, Al reportó 17 muertes por tortura en dicho país (5).
Estas cifras indican que la tortura se practica en forma casi rutinaria, pero
que también las muertes son una excepción, probablemente causadas por un mero
accidente o por errores de apreciación en cuanto a las condiciones físicas de la
víctima. En otros países, como en España, todavía se usa la tortura, pero
generalmente solo contra grupos altamente selectivos, detenidos en aplicación de
la ley antiterrorista (1).
Los métodos utilizados allí, según AI son. Golpes, sofocamiento, aplicación de
descargas eléctricas e inmersión de la cabeza de la víctima en agua contaminada.
En los cuarteles de policía españoles, no se ha informado de ninguna muerte
entre 1987- 1988 que pueda relacionarse con certeza a la tortura, a pesar del
hecho de que los métodos utilizados sin duda implican el riesgo de muerte para
la víctima (5).
Las pocas muertes en países como España y Turquía, claramente indican que la
tortura se practica bajo control, y que los torturadores han sido entrenados
para el mal trato, o que los médicos participan como asesores o supervisores.
Cuando la tortura se
utiliza contra delincuentes comunes el propósito es obtener confesiones e
información. Cuando se usa contra oponentes políticos, o (presuntos)
terroristas, el propósito es solo quebrar al máximo posible a individuos
disidentes (7,8)
o desalentar cualquier oposición. Respecto a los males tratos de este último
grupo en particular, los relatos bastante frecuentes de procedimientos
completamente absurdos, da la idea de que se practican intencionalmente.
A lo anterior debe
agregarse el deseo de provocar un efecto preventivo, lo que no se contrapone con
el temor que tienen las autoridades en cuanto a que la información sobre tortura
se publique. La comunidad local y ciertos subgrupos deben estar al tanto de que
la tortura se aplica pero no se publica, o que es relativamente fácil descartar
una publicación en la prensa especializada de un subgrupo, tildándola de
difamación política. En general es muchísimo más fácil convencer al público
sobre violaciones a los derechos humanos si una víctima de la tortura tiene
signos físicos de violencia. Sin embargo, muchos de los métodos usados
actualmente, como los mencionados en el caso de España, no dejan huellas
físicas, y éste es otro indicio más de que la tortura es utilizada
deliberadamente y por funcionarios entrenados. Además la tortura generalmente
ocurre durante los primeros días de arresto y cualquier herida superficial en la
piel es probable que ya haya desaparecido para cuando la víctima salga de
custodia. También existen frecuentes relatos sobre los torturadores, que
envuelven trapos alrededor de las muñecas de la víctima antes de esposarla, o de
los garrotes, para prevenir lesiones que puedan utilizarse para documentar el
maltrato (9,10).
Ejemplos de formas de
tortura
La tortura que hoy se
practica en muchas partes del mundo es altamente compleja. Existen frecuentes
descripciones de procedimientos que implican agotamiento psíquico y físico tales
como privación del sueño, de alimentos y bebidas, quizá combinado con trabajos
forzados o plantones (posición forzada de pie), durante horas o días. Se limita
la libertad de movimiento entre interrogatorios mediante el confinamiento en
espacios sumamente reducidos. La percepción es restringida, cubriendo por
ejemplo los ojos, o exponiendo a la víctima a constantes sonidos estridentes. Se
intenta destruir su autoestima restringiéndole la higiene personal, no dándole
facilidades para ir al baño, desnudándola y agrediéndola verbalmente. Estos
procedimientos van acompañados de amenazas y golpes, así como de otros métodos
muchísimo más sofisticados de tortura, tales como descargas eléctricas os
sofocación mediante bolsas de plástico sobre la cabeza de la víctima.
Secuelas de tortura
Los síntomas que con
mayor frecuencia describen las víctimas de tortura son mentales. Ansiedad,
depresión, insomnio, pesadillas, inestabilidad afectiva, pérdida de memoria o de
concentración.
El recuerdo de la
tortura también puede estar presente, manifestándose en cambios de interés en
varios aspectos de la vida y en las emociones y reacciones, que son algunos de
los síntomas que definen el estrés post traumático. A menudo sufren de jaquecas
y dolores en los músculos y articulaciones. Localizados generalmente en los
lugares donde se aplicó la tortura (7,
9,
11-13).
Sin embargo, no siempre hay una clara relación entre la naturaleza de la tortura
y cualquier otra secuela crónica; las formas físicas de tortura pueden derivar
en secuelas físicas, y viceversa (11).
A esto habría que agregar, que muchos de los síntomas que se detectan en
víctimas de tortura, se encuentran también en personas que han sufrido otras
formas de alteración grave, como el exilio (14-16),
la guerra (17-19),
persecuciones (20-21),
o catástrofes (22-23).
Una cantidad
sustancial de publicaciones describen la salud de las víctimas de tortura (2,
9,
10-15).
Son pocas las que incluyen exámenes a grupos de control y casi todas se han
efectuado en países en los que aún se practica la tortura, o en el país de
exilio. De acuerdo con lo anterior, además de la tortura, casi todas las
víctimas sometidas a estos exámenes han sufrido otras alteraciones que pueden
ocasionar síntomas no específicos, idénticos a aquellos causados por la tortura.
Por lo tanto, la sintomatología de una víctima de la tortura comúnmente
multiexpuesta, es de origen heterogéneo.
El examen clínico
Un grupo médico danés
ha estado examinando a víctimas de tortura desde 1974 (11,
24).
Estos exámenes se han realizado en el país de origen de la víctima, en Dinamarca
y en terceros países. El objeto de ellos era describir las secuelas y documentar
la práctica de la tortura.
Los exámenes incluían
cinco elementos:
A) Descripción de la
salud, incluyendo la presencia o ausencia de síntomas crónicos o recurrentes
antes de la tortura infligida.
B)
Descripción de los métodos de tortura que, según el examinado, se utilizaron en
su contra.
C)
Descripción de reacciones, síntomas y lesiones sufridas durante la tortura e
inmediatamente después.
D)
Síntomas en el momento del examen.
E)
Examen clínico.
Dos médicos
realizaban e examen utilizando formularios de entrevistas, generalmente con la
ayuda de un intérprete. La duración de estos exámenes fluctuaba entre dos y
hasta casi siete horas. En principio, el procedimiento era que el entrevistado
daba una descripción espontánea complementada con preguntas detalladas.
A) Para averiguar
claramente la primera aparición de cualquier síntoma crónico relacionado con
episodios de tortura, se hace necesaria una profunda descripción de los
antecedentes previos del estado de salud. Además, debe describirse la evolución
de síntomas crónicos o recurrentes ya existentes, en relación con la tortura
denunciada.
B) Se obtiene una
descripción detallada de los métodos de tortura denunciados, incluyendo el uso
de instrumentos y la duración de las sesiones y procedimientos individuales.
Estas descripciones deben compararse con otros testimonios de tortura,
practicada por la misma fuerza policial o en el mismo país. Generalmente, los
testimonios coincidentes e interpretarán como una prueba de su veracidad, así
como el uso sistemático de la tortura. En algunos casos, las denuncias
coincidentes sobre la aplicación de métodos rara vez descritos, pueden dar curso
a consideraciones tales como que la práctica ha cambiado en el cuartel de
policía en cuestión, o es un indicio de que se trata de una difamación planeada
por las autoridades del país. En ciertos casos, particularmente en relación con
el mal trato a prisioneros políticos, a veces se describen formas absurdas de
uso de la fuerza o de la violencia. Esto puede interpretarse como un signo de
que las autoridades pretenden destruir la autoestima del individuo y quizá
provocar su aislamiento psicosocial una vez en libertad, ya que la víctima
tendrá la clara sensación de ser mirada con suspicacia si llega a contar estos
detalles absurdos.
C) La propia
descripción del examinado sobre los síntomas inmediatos causados por la tortura,
incluyendo la descripción de lesiones graves, se valida en estrecha relación con
la descripción de la tortura. Se efectúa en un análisis para verificar si los
tipos de tortura descritos concuerdan con los síntomas denunciados y si las
reacciones y heridas no se basan acaso en un conocimiento fisiológico y
traumatológico general. Por otra parte, también se evalúa si es factible la
ausencia de reacciones y lesiones producidas por la aplicación de distintas
formas de tortura física particularmente graves o especiales descritas por el
examinado. La ausencia de marcas después de, por ejemplo, quemaduras graves, es
un fuerte indicio de que lo descrito es falso.
El examinar a
víctimas de tortura puede tomar a menudo varias semanas/meses o años después de
que la tortura denunciada y las observaciones de las lesiones del propio
examinado ode su familia (como la aparición de lesiones que según el denunciante
fueron causadas por corriente o falanga), lleguen a constituir un elemento
importante para la base de datos de la evaluación global.
Deben compararse las
descripciones de síntomas inmediatos al examinar a varias víctimas de tortura
que hayan sido detenidas al mismo tiempo, en la misma comisaría, o que se
conozcan. Puede llegar a inferirse, ante la presencia de reacciones extrañas en
más de un individuo, que los relatos sobre la tortura infligida y los síntomas
posteriores han sido previamente acordados y no son ciertos (25).
D) Al presentarse
síntomas durante el período de duración del examen, se describe el carácter,
localización, intensidad y posible fluctuación. Se evalúa si aquellos
constituyen síntomas no específicos comunes, descritos con frecuencia por
víctimas de tortura, o pueden estar relacionados a uno o más métodos de tortura
a los que el examinado fue sometido. La localización y el carácter de uno u otro
síntoma no especifico puede respaldar fuertemente la validez de una denuncia de
tortura, tal m}como dolor en el pie a causa de tensión excesiva en una persona
joven que denuncia que ha sido sometida a falanga. Por otra parte, son numerosas
las víctimas de tortura que no declaran ningún síntoma en una entrevista en
profundidad, meses o años después de haber sido sometidos a tortura (11).
No obstante, la ausencia de síntomas no excluye la posibilidad de que la persona
haya sido objeto de torturas.
E) El resultado del
examen clínico se compara con la descripción de la tortura y se analiza si las
marcas tienen relación con la misma, de acuerdo con lo revelado por el
examinado, o si la ausencia de marcas corresponde al tipo de tortura infligida.
Algunos hallazgos clínicos característicos, frecuentemente determinadas marcas
epidérmicas, constituyen la prueba más evidente de aplicación de tortura. Como
se mencionaba anteriormente, a menudo los torturadores tratan de evitar el dejar
huellas físicas en sus víctimas y el reconocimiento generalmente se practica
semanas o meses después de haberse aplicado la tortura. En ese momento las
heridas superficiales ya han desaparecido por completo. Por otra parte, la
mayoría de las víctimas de tortura mencionadas en la literatura (sobrevivientes)
carecen de marcas causadas por la tortura, o las que tienen son muy pequeñas y
se hace imposible determinar su antigüedad.
En pocos casos se
encuentran marcas muy características después de la tortura, como por ejemplo,
cicatrices por desgaste (26).
Azotes:
los azotes pueden dejar cicatrices largas, angostas, asimétricas, no del todo
paralelas, tal vez curvas, especialmente donde ha pegado la punta de un látigo
flexible (Fig.
1).
Los golpes a corta distancia, con látigos duros o varillas, probablemente dejen
marcas más lineales (Fig.
2),
en ángulos determinados por la dirección de aplicación de los golpes y los
posibles movimientos de la víctima durante la sesión de tortura. Las estrías se
parecen en algunos aspectos a aquellas marcas, pero éstas son simétricas y más
paralelas (Fig.
3).
Quemaduras:
luego de una quemadura con cigarrillo, se pueden apreciar cicatrices circulares
pequeña su ovaladas. Generalmente tienen de 5 a 10 mm, manchas con los centros
descoloridos y relativamente oscuros y con los bordes tal vez hiperpigmentados (Fig.
4).
Al usar, por ejemplo, objetos metálicos calientes, se traspasan grandes
cantidades de energía a la piel. Las cicatrices de ese tipo de quemaduras pueden
profundizarse debido a lapérdida de tejido y generalmente se encuentra un borde
puntiagudo con una orilla angosta hipertrófica o hiperpigmentada. Estas
cicatrices lucen como marcas ocasionadas por pequeños abcesos (Fig.
5).
Las quemaduras aplicadas a la matriz de la uña, la que se ve delgada. Si la uña
también se ha arrancado, puede haber un crecimiento excesivo del tejido desde el
nacimiento de la uña y sobreponiéndose a ésta.
Tortura con
electricidad:
generalmente las lesiones que produce este tipo de tortura son quemaduras
superficiales, milimétricas en tamaño, de color café rojizo, frecuentemente
cubiertas de una costra durante los primeros días. Pueden confluir, aparecer
como hileras de perlas, o agrupadas (Fig.
6).
Muy a menudo, estas lesiones desaparecen a las pocas semanas. Quemaduras más
profundas, ocasionadas por aplicación de electricidad en un mismo punto, pueden
dejar pequeñas cicatrices superficiales o descoloridas por un período
prolongado.
No específicas:
en algunos casos hay cicatrices que no son específicas, pero que compradas con
las descripciones de tortura sustentan la denuncia. Por ejemplo, una persona que
buscaba silo en Dinamarca afirmó que en su país de origen había sido torturada,
entre otras cosas, apretándole uno de sus dedos en una puerta, reiteradas veces.
El examen clínico mostraba una cicatriz transversal sin tejido pulposo debajo,
en el dedo en cuestión. Fue interpretado como secuela de una necrosis del tejido
ocasionada por la situación descrita.
Suspensión-colgamiento:
las marcas que deja la suspensión por las muñecas esposadas puede dejar extensas
cicatrices circulares o semicirculares luego de una profunda excoriación. Se ha
dicho que, por ejemplo, la presión prolongada de una cuerda apretada fuertemente
alrededor del fémur, deja permanente alopecia en una estrecha zona circular (27).
La aparición de
lesiones epidérmicas rara vez prueban la aplicación de tortura. Por otra parte,
la localización de cicatrices puede muy a menudo sustentar una denuncia de
tortura. Un latinoamericano afirmó (28) que lo habían suspendido entre dos
murallas, como una hamaca, de espaldas. En esta posición fue reiteradamente
pateado, especialmente en la espalda. El examen clínico realizado dos meses y
medio después, reveló un total de 11 cicatrices superficiales irregulares,
hiperpigmentadas, de 2-4 cm, en la espalda y en la parte superior posterior de
los muslos. Las marcas eran muy poco características ya que fueron provocadas
con una violencia brutal, pero su ubicación en la espalda, región que no está
sujeta normalmente a traumas diarios, claramente indicaban que fueron
ocasionadas por la violencia y coincidían con esta muy peculiar forma de
tortura.
Además, tenía una
cicatriz en forma de estrella en una muñeca, que según afirmó, se debía a una
herida relacionada con la suspensión. Se infirió que esta cicatriz se produjo
por la presión que ejerció sobre la muñeca, uno de los nudos de la cuerda.
Falanga: Se ha descrito frecuentemente la falanga (aplicación de repetidos golpes sobre las plantas de los pies) en Grecia durante la junta militar, y en el Medio Oriente, hoy en día (11,29). Las graves secuelas visibles pueden ser hematomas y/o edemas. Es extremadamente raro que se originen hematomas en las plantas de los pies debido a traumas diarios, por lo que estas secuelas evidencias fuertemente la aplicación de falanga. Una secuela posterior, demostrada radiológicamente, puede ser necrosis aséptica al hueso (11,30) o






derivar en fracturas.
Además, la destrucción de la almohadilla plantar puede producir pérdida de
elasticidad, lo que debe comprobarse mediante palpación. La aponeurosis de la
planta puede también perder elasticidad y tensión, lo que puede posiblemente
provocar la hiperextensión, principalmente, del dedo gordo del pie. La
aponeurosis al palparla debe ser delicada y áspera (G. Skylv, comunicación
personal).
Fracturas:
Además de los cambios dermatológicos, entre las secuelas demostrables más
comunes posteriores a la tortura, se encuentran la pérdida o fractura de los
dientes. Sin embargo, pueden ocurrir por supuesto, todo tipo de fracturas.
Lesiones en las
articulaciones:
Es probable se produzcan lesiones crónicas en las articulaciones como
consecuencia de, por ejemplo: la suspensión palestina (suspensión de las muñecas
o de los tobillos con las manos atadas a la espalda) con hiperextensión forzada
de la articulación del hombro (31,32).
Es probable que los hallazgos clínicos sean: suavidad al palpar y patrones
anormales de movimiento en las articulaciones lesionadas.
Lesiones a los
nervios:
Se producen lesiones periféricas menores a los nervios (11,33)
y, rara vez (en los sobrevivientes), síntomas de lesiones en el sistema nervioso
central (11).
Pérdida de la
audición:
Es bastante frecuente la pérdida crónica de la audición descrita luego de golpes
en las orejas (¨teléfono¨-golpes simultáneos con las palmas de las manos sobre
ambos oídos) (11).
Atrofia testicular:
Se han descrito pocos casos de atrofia testicular unilateral luego de una fuerte
tortura genital (34).
Es probable que
personas con marcas muy peculiares inventen historias de tortura basados en la
apariencia y localización de las cicatrices para desacreditar a las autoridades
por razones políticas, (35)
o para obtener asilo (10).
Sin embargo, en nuestra experiencia, las víctimas de tortura con frecuencia
atribuyen la presencia de cicatrices a otras causas, y no a la tortura. Por
ejemplo, una persona afirmó que había sido objeto de torturas pero atribuyó las
cicatrices redondas a pequeños abscesos y no a quemaduras con cigarrillos (Fig.
5).
Los sobrevivientes de
la tortura a veces tienen pequeñas marcas no específicas cuando son examinados,
otras veces no (11,13).
En tales casos, esta parte del examen no sustenta el testimonio de tortura, pero
por otra parte, no lo contradice, amenos que se hayan descrito métodos de
tortura que claramente dejen lesiones graves, tales como quemaduras de tercer
grado. Por supuesto que los procedimientos de tortura pueden hacer peligrar la
vida de la víctima al no quedar ningún rastro en su piel (6).
Los síntomas
psicológicos y las reacciones observadas durante una entrevista pueden incluir:
reserva, actitud taciturna, inhibición y también, desconfianza, derramar
lágrimas y llorar abiertamente. Tales síntomas a menudo desaparecen durante la
entrevista a medida que el examinado se va sintiendo más en confianza con los
examinadores, pero vuelven a producirse cuando se discuten temas sensibles. El
estado de alerta es tal vez prominente, por ejemplo, exceso de sudor y/o
estremecimiento causado por ruidos externos o por situaciones que pueden
parecerse levemente a la tortura, como por ejemplo, un examen neurológico. Otros
síntomas psicológicos observados a menudo son: pérdida de memoria y falta de
concentración. Algunos síntomas psicológicos pueden también interpretarse como
falta de credibilidad (ver más abajo).
Evaluación global de
testimonios de tortura
El testimonio de
tortura es comparado con información ya existente sobre el país en cuestión. Los
síntomas manifestados son comparados con la sintomatología de sobrevivientes de
tortura descrita en la literatura. Se determina la idoneidad de las reacciones
inmediatas descritas y los síntomas, en relación con la tortura relatada. Se
determina también la compatibilidad entre los últimos síntomas posteriores a la
tortura, el resultado del examen clínico y la descripción de la tortura. Se
estima la validez del testimonio con base en el mutuo acuerdo entre los
elementos individuales del examen, con base en patrones de tortura locales
coincidentes y con base en la muy conocida sintomatología de los sobrevivientes
de tortura.
Durante una
entrevista en profundidad, una persona que afirma haber sido torturada puede
contradecirse, en mayor o menor grado generalmente en la descripción de los
síntomas que indica se presentaron inmediatamente después de haber sufrido la
tortura. Por ejemplo, que una descripción de secuelas inmediatas producto de la
inmersión en agua, no coincida con la descripción del recipiente utilizado,
habiéndose afirmado que tenía un borde de cemento áspero encima. La víctima
afirma haber sido arrastrada de manera tal que su cara pudiera ser introducida
en el recipiente (entrevista con una víctima de tortura). Sin embargo, no
describe síntomas de dolor localizado frente al tórax. Para poder evaluar este
testimonio es preciso saber si la víctima estaba vestida , y si acaso le era
posible defenderse con las manos.
Si luego de preguntas
suplementarias pertinentes, aún persisten contradicciones en el testimonio, debe
considerase lo siguiente:
Complejidad:
la situación de tortura es compleja. Es probable que al experimentar que la vida
está en peligro por asfixia, se subestime completamente un pequeño trauma
torácico, el que quizá en esos momentos ni siquiera se notó.
Durante la tortura,
mientras la víctima casi siempre se encuentra en estado de agotamiento físico y
mental, es sometida a una gran cantidad de acciones completamente desconocidas y
anormales/perversas, cuyo sentido no siempre puede interpretarse. La práctica de
la tortura con frecuencia contiene elementos de desorientación, como por
ejemplo, vendar los ojos. Por lo tanto, durante el proceso, los detalles pueden
percibirse en forma equivocada.
Amnesia:
Puede producirse amnesia por un corto período después de perder la conciencia a
raíz de una conmoción cerebral o asfixia. Generalmente las víctimas de tortura
mencionan la pérdida de memoria, pero a menudo recuerdan formas bien definidas
de tortura. Las personas que han quedado inconscientes normalmente tienen una
clara imagen de todas las formas de tortura anteriores a esta situación. En una
serie, víctimas de tortura fueron examinadas dos veces por dos equipos
diferentes de examinadores con un intervalo de cuatro semanas entre cada examen.
Las descripciones
individuales de tortura de las víctimas eran idénticas en casi todos los casos (13).
Es probable que los síntomas inmediatos y las reacciones a la tortura se
recuerden con menos detalle que las formas de tortura.
Falta de
concentración:
La falta de concentración, común en víctimas de tortura, puede dificultar el
determinar la validez de un testimonio. Las preguntas detalladas de los
entrevistadores pueden ser mal interpretadas y muy a menudo se obtienen
respuestas a preguntas que no se han efectuado.
Intérpretes:
Si se necesita un intérprete, es natural que se incrementen los problemas de
comunicación entre examinados y examinadores. Cuando se utiliza un intérprete,
por lo general los examinadores desconocen el idioma del examinado y por lo
tanto no son capaces de juzgar directamente la calidad de la interpretación.
Puede lograrse una impresión, juzgándolas habilidades del intérprete en el
lenguaje del examinado, o comparando el tiempo que usa el examinado para
entregar su testimonio, con el tiempo que usa el intérprete para traducirlo.
Además, se nota la necesidad del intérprete de reformular preguntas y se actúa
cuando dialoga con el examinado más que como un intermediario lingüístico.
Previamente describimos los problemas de traducción en relación con los exámenes
de salud y concluimos que las respuestas imprecisas e incomprensibles pueden
deberse a una interpretación deficiente (36),
lo que conlleva a la imposibilidad de analizar el estado mental del examinado y
la validez del testimonio, o puede invalidar esta evaluación.
Ansiedad:
La ansiedad es un síntoma relevante en víctimas de tortura. Es bien sabido que
situaciones que evocan formas de tortura pueden provocar profunda ansiedad en
las víctimas (37).
Una entrevista que incluya muchas preguntas de control, en algo se asemeja a un
interrogatorio. Por lo tanto, la entrevista provoca ansiedad y confusión,
reduciendo de esta forma la exactitud de las respuestas que se dan. Tales
consideraciones son particularmente importantes si el examinado se encuentra en
una situación de incertidumbre social, por ejemplo, buscando asilo, y la
entrevista constituye la base para un pronunciamiento médico sobre el que se
fundamentará en parte la decisión de garantizar dicho asilo. El examinado puede
ver en los examinadores a inspectores del país que brinda asilo, que están
buscando que se contradiga y quieran utilizar este elemento para negárselo.
Autocensura:
Las víctimas de tortura pueden experimentar situaciones de tortura que
consideran tan absurdas (38)
o humillantes (39,40)
que por temor a ser considerados poco veraces, por vergüenza, o por miedo a
perder el control de sus sentimientos, autocensuran sus testimonios de
aplicación de tortura, especialmente los métodos más ingeniosos/grotescos (41).
Se sabe por la psicoterapia de víctimas de tortura, que temas íntimos, como
problemas sexuales, no se les exponen al terapista sin que antes se haya creado
una relación de confianza y luego de varias sesiones (39).
Es probable que dichos problemas se multipliquen si el intérprete es un
pariente. Un intérprete profesional que pertenezca a un grupo étnico diferente,
puede producir el temor en el examinado de que la traducción sea censurada o
distorsionada, o que el intérprete pase por alto el relato que retransmite al
examinador.
Testimonios de la
participación de los médicos en la tortura
La participación
directa o indirecta de los médicos ha sido descrita en una gran cantidad de
revelaciones de tortura (8,
11,
28,
42-44).
La Declaración de
Tokio somete a los doctores y a otros funcionarios de la salud a la particular
obligación de abstenerse a participar en torturas. Ampliamente interpretada,
esta declaración significa que la profesión médica también tiene una obligación
en cuanto a prevenir que sus miembros participen en actividades de tortura. Como
una forma de prevención general, la participación en la tortura debería ser
sancionada y el tema publicado. Para establecer procedimientos, la documentación
sobre la participación de los médicos en la tortura, debe ser sometida alas
asociaciones médicas locales, las que deben instaurar procedimientos
profesionales en algunos países (45,
46).
Si la asociación médica declara públicamente que uno de sus miembros ha
participado en la tortura, es difícil para el sistema legal no establecer
procedimientos contra el médico en cuestión, así como también, contra los
torturadores involucrados. De esta manera, la documentación sobre la
participación de los médicos en la tortura, puede ser un catalizador en cuanto a
la instauración de procedimientos contra los torturadores.
Así como en el
análisis de la validez general de un testimonio, la evaluación de una denuncia
de participación médica en la tortura debe basarse en primer lugar, en la
información entregada por el examinado.
La descripción de la
apariencia y de las actividades de la persona que se presume es un doctor, es
comparada con la descripción del contexto en el que actuó, es decir, la supuesta
función del doctor.
El rol del doctor
puede ser:
- Evaluar la salud de
los prisioneros, esto es, si es apto para la tortura en general y para formas
específicas en particular.
-
Tratar lesiones de tortura y así reponer al prisionero.
-
Tratar contusiones con el fin de prevenir la formación de marcas visibles, o
tratar lesiones y enfermedades para evitar que las víctimas sean transferidas
a hospitales públicos, esto es, encubrir las actividades de tortura.
-
Proporcionar los primeros auxilios en caso de accidentes, es decir, prevenir
muertes.
- Hacer
un seguimiento de los procedimientos de tortura, especialmente con el propósito
de evitar accidentes, muertes y lesiones que puedan utilizarse como evidencia de
aplicación de tortura.
El papel concreto de
un supuesto doctor en un centro de tortura es clasificado de acuerdo con estos
ítemes y comprado con la descripción de la conducta del médico, las actitudes,
el uso de términos técnicos, el contenido de las preguntas, las técnicas de
examen, el uso de instrumentos y cualquier tratamiento realizado, por ejemplo,
inyecciones intravenosas o infusiones, sutura de heridas, o recetas médicas. A
la luz de estos antecedentes, y desde el punto de vista profesional, se analiza
la racionalidad de las actividades del supuesto doctor. Sin son racionales, es
posible o factible que la persona sea efectivamente un doctor o que al menos
tenga algún entrenamiento. Tal como en el caso de otros datos del examen, deben
hacerse algunas reservas. Ciertos procedimientos psicológicos tienden a
confundir a la víctima y a desestabilizar su resistencia. Tal procedimiento lo
expone a un ambiente extremadamente cambiante. La víctima es llevada desde una
sesión de tortura a una habitación limpia, tal vez tipo habitación de clínica,
en donde una persona comprensiva y compasiva pretende hacerse cargo de su
problema y le da consejos con respecto a la actitud que debe tomar con sus
interrogadores (39).
Esta persona compasiva puede por ejemplo pretender ser un doctor para realzar su
autoridad. Este rol no requiere de conocimientos sobre la práctica médica y es
relativamente fácil que lo asuma cualquier persona con conocimientos sobre
tortura. Además, la cautela que pueda aplicarse a la declaración de la víctima
en general, también se aplica a esta parte del relato.
La evaluación de la
autenticidad el médico es una evaluación global basada en datos existentes. La
mayoría de los aspectos individuales del rol del médico (como tomar la presión
sanguínea, prescribir un tratamiento local a lesiones superficiales, administrar
inyecciones) son sencillos y pueden efectuarlo personas que hayan asistido a un
simple curso de primeros auxilios. Mientras más crítica es la situación durante
la detención, mayores son las habilidades profesionales que se le exigen a la
persona que está administrando el tratamiento. Por lo tanto, la mejor prueba de
que la identidad de la persona corresponde a la de un doctor, en tales
circunstancias, son las conductas racionales. Mientras mayor es el respeto que
la persona imponga a los torturadores, mayor es la probabilidad de que sea u n
médico o una persona en posición superior. Es muy raro que exista evidencia
visible de actividades médicas en centros de tortura.
Ejemplo:
Un hombre de 32 años afirmó (47) que durante algunos años previos a su arresto, había sufrido de mediana hipertensión y ocasionalmente ataques de hiperventilación. Los síntomas descritos eran falta de aire, una sensación de aceleración del ritmo cardíaco y sensación de hormigueo alrededor de la boca. Dio la siguiente descripción de las primeras 24 horas de su arresto: Muy poco después de haber llegado al centro de interrogatorios, le pusieron una cuerda alrededor del cuello y se la apretaron levemente. Esto provocó una sensación de falta de aire, palpitaciones y una pronunciada ansiedad. Se le tomó el pulso y la presión. Se le permitió un corto descanso. Durante las próximas 24 horas fue interrogado en varias ocasiones y mal tratado, entre otras cosas, con métodos de asfixia con una bolsa plástica. El presunto doctor se hallaba presente durante todos los interrogatorios en los que se aplicó sistemáticamente la tortura. Este presunto doctor asesoraba a los torturadores, y por ejemplo, les prohibió usar electricidad. En algún momento, cuando estuvo a punto de quedar inconsciente, fue nuevamente examinado por el ¨doctor¨. Encontró que la presión le había aumentado levemente y le administró algunas píldoras. Después de unas 24 horas de interrogatorio, sólo interrumpidas por cortos períodos de descanso en una pequeña celda, decidió tratar de poner fin y que lo llevran a unhospital para hacerle un tratamiento. En la celda encontró una lámpara de globo y una ampolleta. Se efectuó numerosos cortes en el abdomen y en ambas muñecas -primero con los pedazos de la ampolleta rota-, pero como esos cortes no lo hacían sangrar demasiado, continuó con los pedazos de globo. El doctor se negó a transferir al prisionero a un hospital y él mismo le curó las heridas.

El examen clínico
reveló numerosas cicatrices lineales y otras más irregulares en el abdomen y en
ambas muñecas (Fig.
7),
muchas tenían marcas de suturas.
Comentarios:
Se estimó que el
relato era válido. La apariencia y ubicación de las heridas eran completamente
coincidentes con el testimonio entregado. Las actitudes y la conducta del
¨doctor¨ lo describían como profesional. Desempeñó casi todas las siguientes
funciones:
(i) La evaluación de
las condiciones de salud en general y de la disposición frente a procedimientos
específicos en particular, ej., descargas eléctricas.
(ii) Restauración de
las condiciones físicas después de las sesiones de tortura (administración de
píldoras).
(iii) Prevención del
tratamiento en un hospital público de estas peculiares heridas, esto es,
intentar el encubrimiento.
(iv) Seguimiento del
proceso de tortura, en parte para asegurarse que se cumpliera con las
restricciones impuestas y en parte para dar un tratamiento en caso de una
situación crítica.
Desde un punto de
vista profesional, el rol del ¨doctor¨ fue racional en todos los aspectos. Las
exigencias en cuanto a su habilidad profesional fueron fuertes (suturar) y
prescribió un tratamiento médico. Se debe asumir por lo tanto, que efectivamente
se trataba de un médico.
Tanto nacionalmente,
por ejemplo en Uruguay (46),
Afganistán (48),
Paquistán (49),
Argentina (50),
Turquía (51)
y Filipinas (52),
como internacionalmente (53,
54),
existe un creciente interés en prevenir a los médicos de participar en torturas.
En 1987 se creó un grupo internacional (55)
y éste decidió en su última reunión (56)
que deberían instaurarse tribunales internacionales para escuchar casos contra
médicos acusados de participar en torturas.
Exámenes paraclínicos
En ciertas
circunstancias, las descargas eléctricas producen cambios histológicos
específicos en la piel de los cerdos (57,
58).
En un caso, se encontraron cambios similares en una víctima torturada con
electricidad (59).
Sin embargo, el método involucra algunas dificultades. Por ejemplo, debe tomarse
una biopsia de una parte del cuerpo en donde se sabe han aplicado descargas
eléctricas, esto es, piel con marcas visibles. Sin embargo, estas marcas
desaparecen relativamente rápido y la experiencia de exámenes en humanos s e
limita a un caso.
Recientemente se ha
descrito que scintigrafía de los huesos puede mostrar un incremento de la
actividad en huesos traumatizados, meses después de a tortura. Se están
realizando nuevos estudios para confirmar este hallazgo (60).
No existen otras
pruebas de laboratorio para acreditar la tortura. El scanner al cerebro (CT) ha
mostrado atrofia cerebral en víctimas jóvenes (6).
Sin embargo, se ha usado de manera diferente para refutar alegatos de tortura.
Ex prisioneros que afirmaron haber sido golpeados en la cabeza durante su
detención en un cuartel policial, fueron enviados a realizarse un scanner. El
argumento era que las personas que falsamente han informado haber sido golpeadas
de esa forma, es probable que no vayan a efectuarse el examen por miedo a que
descubran su fraude. En otras palabras, la no comparecencia podría interpretarse
como falta de veracidad.
Sin embargo, es
frecuente que sea muy desagradable para las víctimas de tortura recordar
situaciones relacionadas con aquellos episodios (39).
Ellas saben que el recuerdo les provocará ansiedad y depresión. La mayoría
desean olvidar, lo más pronto posible, todo lo que tenga que ver con dicha
experiencia. Generalmente, las víctimas de tortura no tienen mayor confianza en
las autoridades de un país que practica la tortura.
El hecho de
participar en un examen cuyos resultados se usarán contra las fuerzas de
seguridad que aplicaron la tortura, inspira en muchas víctimas, un miedo
justificado a represalias de las que puedan ser objeto.
Estos factores los
desalientan a participar,. No puede llegarse a una conclusión respecto a la
validez de un testimonio con base en la no comparecencia a un scanner o a
cualquier otro examen o entrevista.
Conclusión
Sólo muy rara vez un
examen clínico a un sobreviviente de la tortura revela cicatrices o marcas
características relativas a la misma, entre otras cosas, debido a que los
exámenes se llevan a cabo mucho tiempo después de la aplicación de tortura. En
la mayoría de los casos, la evaluación médica de un testimonio se basa en la
información entregada por el examinado, preferentemente complementada, entre
otras fuentes, con información sobre la situación del país, la provincia y la
fuerza policial en cuestión. Por tanto, es importante que la entrevista sea
extremadamente completa y que los datos se analicen meticulosamente. Los
examinadores deben estar familiarizados con la tortura y sus efectos en la
salud. La evaluación de la validez de un testimonio debe tomar en consideración
una serie de factores, tales como las dificultades de concentración del
examinado y la pérdida de matices lingüísticos cuando se recurre a un
intérprete.
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Traducido de Forensic Science Internacional 53 (1992) : 97-116 y reproducido con autorización